La evaluación cualitativa: una práctica compleja (primera parte)

La evaluación cualitativa: una práctica compleja (primera parte)

“La educación es una práctica social, y la evaluación, uno de sus principales componentes y compromisos. No se concibe la educación sin la evaluación. En los últimos veinte años hemos asistido a la resignificación del concepto y al análisis de sus repercusiones en el ámbito escolar, aspectos que han sido abordados desde diferentes perspectivas. Reconocemos la fuerza que ha tomado la evaluación cualitativa; inclusive, en algunas instituciones se ha generalizado y reglamentado, pero consideramos que esto no ha bastado para comprender su verdadera dimensión e incidencia en el proceso enseñanza- aprendizaje.

En este texto presentamos algunos criterios de análisis, en el marco de la evaluación cualitativa, sus implicaciones y la manera como se manifiestan y evidencian en el ámbito escolar.”

-Rubistein Hernández Barbosa. Maestro en Biología, Pontificia Universidad Javeriana, Colombia. / Sandra Maritza Moreno Cardozo. Maestra en Literatura Hispanoamericana, Instituto Caro y Cuervo, Colombia.

Es indudable que las formas de aprender y enseñar se han modificado, y que la escuela de hoy exige nuevas maneras de relacionarse con el aprendizaje, ya que pensar y actuar en el mundo moderno implica reflexionar sobre cómo construye el ser humano conocimiento, sobre cómo genera formas de aprendizaje que permitan la apropiación del mismo y, por supuesto, sobre cuál es su papel en la cultura y en la historia.

Estas relaciones con el aprendizaje establecen modos distintos de actuar, que dependen básicamente de lo que los docentes consideramos importante potenciar en los estudiantes: la conducta, los desempeños, las estructuras cognitivas, las formas de interacción social, la formación integral, etc.

Cuando pensamos en la escuela de hoy, nos asaltan muchas dudas: ¿cuál es el proyecto cultural al que se le apuesta?, ¿qué privilegia: contenidos, aprendizajes, procesos?, ¿qué posibilita: hombres autónomos o heterónomos?, ¿a qué le apunta: a la formación de sujetos especializados en un saber o a la formación de individuos integrales? En últimas, ¿qué evaluamos? Pero quizás antes de hacernos estos cuestionamientos habría que pensar en uno mucho más abarcador: ¿cómo construimos la realidad los sujetos, y a partir de esa construcción a qué proyecto cultural le apuntamos?,  la labor pedagógica no puede enmarcarse en la concepción tradicional de estandarizar grupos para regular comportamientos, sino en la formación de individuos capaces de pensar el mundo, de resignificarlo y a la vez construirlo, comprendiendo las múltiples construcciones que se dan y actuando en consecuencia.

¿Cuál es el papel de los docentes desde esta visión?

Consideramos que es: Educar para construir desde la formación integral.

Sabemos que nos encontramos en una época de profundas transformaciones sociales y filosóficas que han tocado la educación, reflexiones sobre modernidad y posmodernidad han puesto a pensar sobre lo que se enseña, se aprende y se evalúa, sobre el tipo de sujeto que se quiere formar. La sociedad actual, con sus cambios vertiginosos, le ha impuesto al docente una pregunta fundamental: ¿qué es lo que enseña y evalúa un profesor del siglo XXI? Evaluar hoy no es una tarea sencilla, no se trata simplemente de completar un cuestionario o de observar si un sujeto cumple con los cánones establecidos por el momento histórico; tampoco solamente de promediar unos números y con esos promedios decidir cuánto sabe un estudiante.

La evaluación va más allá, es un proceso que requiere múltiples miradas, ya que es uno de los principales componentes de la educación como práctica social. No se concibe la educación sin la evaluación.

Históricamente, la evaluación en la educación ha estado influenciada por el paradigma cuantitativo. En la praxis este enfoque tiene sus limitaciones por dos razones: la primera, solo tiene en cuenta aspectos descriptivos de la evaluación, dejando de lado los explicativos, y la segunda, hay aspectos de la formación de los estudiantes que no se pueden reducir a números. Actualmente dentro de la llamada nueva evaluación, que dependiendo de sus matices recibe diferentes nombres (evaluación formativa, evaluación alternativa, evaluación continua, evaluación por procesos y evaluación por competencias), estos aspectos han sido considerados y analizados a la luz del paradigma cualitativo.

Reconocemos la fuerza que ha tomado en los últimos años la evaluación cualitativa, inclusive en algunas instituciones se ha generalizado y reglamentado, pero también hay que decir que esto no ha bastado para comprender su verdadera dimensión e incidencia en el proceso de enseñanza- aprendizaje. El proceso evaluativo cualitativo, como parte de su complejidad, es multifactorial, no basta con cambiar la manera de emitir unos resultados.

En el siguiente artículo conocerás diversos aspectos de la evaluación cualitativa y qué la hace tan diferente a la evaluación cuantitativa tradicional. Espéralo.

 

Nota:
1 Ávila Penagos, Rafael (2001). La cultura. Modos de comprensión e investigación, p. 33. Doctor en Sociología de la Universidad de Lovaina. Profesor e investigador de la Universidad Pedagógica Nacional.
2 Hemos preferido usar el concepto de enfoque y no el de paradigma o sistema filosófico, por dos razones: la primera, no es el objetivo de este texto presentar y desarrollar los postulados de los dos paradigmas y/o sistemas filosóficos; la segunda, a través del concepto de enfoque queremos expresar cómo esas corrientes filosóficas han influenciado de
diferentes maneras y en determinados aspectos la forma de concebir la evaluación.
3 Fernández, M. (1994). Evaluación y cambio educativo: El fracaso escolar. Colección: La pedagogía hoy, Ediciones Morata, 3ª. edición, p.77.
4 Flórez, R. (2001). Evaluación, pedagogía y cognición. Docente del siglo XXI. Colombia, Ed. McGraw-Hill, p. 109.

Bibliografía:
• Ávila, P. (2001). La cultura. Modos de comprensión e investigación. Ediciones Antropos.
• Bruner, J. (1987). Realidad mental y mundos posibles, tercera parte. Barcelona, Gedisa.
• Bruner, J. (1995). La educación, puerta de la cultura. Madrid, Visor. • Bustamante, G., y Caicedo, L. (2005). La evaluación: ¿Objetiva o construida? Sociedad Colombiana de Pedagogía, serie de investigaciones.
• Casanova, M. (1999). Manual de educación educativa. Editorial la Muralla.
• Cerda, H. (2000). La evaluación como experiencia total. Cooperativa Editorial Magisterio.
• Delgado, K. (2003). Evaluación y calidad de la educación. Nuevos aportes, procesos y resultados. 2ª . edición. Cooperativa Editorial Magisterio.
• Etienne, R. (2001). “El proyecto de aprender y el éxito escolar”. Traducción del francés por Raquel Pinilla V. En La pedagogía de proyectos: opción de cambio social. Cuadernos de trabajo No 1. Universidad Francisco José de Caldas.
• Fernández, M. (1994). Evaluación y cambio educativo: El fracaso escolar. Colección: La pedagogía hoy. 3ª. edición. Ediciones Morata. • Flórez, R. (2001). Evaluación, pedagogía y cognición. Docente del siglo XXI. Colombia, Ed. McGraw-Hill.
• Giddens, A. (1997). “La producción y reproducción de la vida social”. En Las nuevas reglas del método sociológico. Buenos Aires, Amorrortu Editores.
• Iafrancesco, G. (2004). La evaluación integral y del aprendizaje. Cooperativa Editorial Magisterio.
• Martínez, M. (2007). Evaluación cualitativa de programas. Editorial Trillas.
• Schutz, A. (1962). “Las realidades múltiples y su construcción”. En El problema de la realidad social. Buenos Aires, Amorrortu Editores.

Fuente: Extracto del artículo “La evaluación cualitativa: una práctica compleja” para educrea.cl

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