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mayo 13, 2020

EDUCAR EN FAVOR DE LA VIDA

Maestra Georgina Puebla Cardona

Por mucho tiempo, he pensado en la importancia de que los maestros reflexionemos profundamente sobre el sentido de la educación ya que considero que eso le puede aportar un inmenso valor a nuestra labor como transformadores de vidas. Estos momentos de crisis que estamos atravesando, y que a muchos nos está llevando a la introspección, encuentro el pretexto y sobre todo la oportunidad de compartir con ustedes lo que desde hace tiempo se me ocurre.

Escuchando a Enrique Dussel, filosofó de la UAM, encontré lo que podría ser la clave para comenzar a dar sentido a la labor de educar. El pensador menciona que es la primera vez en la historia de la humanidad que el ser humano se enfrenta a la queja (¿ataque?) de la naturaleza. La hemos agredido de manera tal en aras de la modernidad y el progreso que la relación Hombre- Naturaleza se está viendo seriamente afectada. Existen aspectos positivos del desarrollo de la civilización pero hemos dejado de lado los aspectos negativos como la destrucción de la vida, nos estamos suicidando ante este individualismo radical y competitivo que ha caracterizado a los últimos tiempos. Así que en mis momentos de reflexión sobre la educación y su sentido, hoy me pregunto y les pregunto:

¿Cuál será el sentido de educar después de esta sacudida que la naturaleza nos está dando?

¿Cuál será nuestro papel como educadores?

¿Cómo va a contribuir la escuela para mejorar la relación hombre-naturaleza?

¿Cómo vas a contribuir tú maestro frente a tu grupo para crear conciencia de vida en tus alumnos?

¿Cuál será ahora tu sentido de enseñar?

Es el momento de encontrar soluciones y después de 40 años en la educación, tengo plena convicción de que la buena educación tiene la facultad de lograr un cambio de conciencia si es bien conducida. Los maestros y maestras de México tenemos un enorme compromiso para salvar la vida de las futuras generaciones si ponemos el ojo en uno de los principios fundamentales de la ética: la afirmación de la vida.

Desde hace tiempo venimos hablando del desarrollo de competencias para la vida, un dictado del sistema político y económico mundial, se nos ha hablado hasta el cansancio de formar personas competentes, que no competitivas. “Educar para la vida” ha sido el eslogan que nos han repetido una y otra vez. ¿Qué pasaría si además de educar para la vida comenzáramos a educar EN FAVOR DE LA VIDA, ofreciendo el mayor de los respetos a todos y cada uno de los seres vivos con quienes compartimos este hábitat? Eso si que daría un gran sentido a nuestra profesión.

Tomar a la vida como criterio de educación significaría ser consciente de que soy un habitante más en este planeta llamado Tierra, que mi capacidad de raciocinio me demanda una gran responsabilidad frente a los seres más desprotegidos ante a la mano del hombre, llámense plantas, animales, suelo, agua, aire y todo lo que el sistema del que formamos parte representa.

Hasta hoy me parece que hemos dejado de enseñar o hemos enseñado equivocadamente el significado de la vida, todos competimos con todos alejados de esa visión sistémica que debiera privar en la vida en comunidad; este es el momento de hacer una verdadera transformación en la forma de enseñar y de educar. No perdamos la oportunidad, aprovechemos el momento y comencemos a prepararnos para recibir a nuestros alumnos con una visión diferente del mundo y la vida. En estos días me permitiré compartir con ustedes algunas propuestas para dar ese paso que necesitamos como humanidad dentro de las aulas para que nuestros estudiantes, niñas, niños, jóvenes crezcan conscientes, plenos, felices con la paz que ofrece el deber cumplido con responsabilidad frente a sí mismos y frente a su entorno físico y humano.

Y si me permiten quiero cerrar esta conversación con una reflexión de Xabier Euskitse:

“Nos acostamos en un mundo y nos despertamos en otro diferente. De golpe, Disney ha perdido su magia, París ya no es romántica, Nueva York no se despierta, la muralla china ya no es un baluarte y la Meca está vacía.

Los abrazos y los besos de repente se convierten en armas, y no visitar a padres y amigos, en un acto de amor. Súbitamente, nos hemos percatado de que el poder, la belleza y el dinero no valen absolutamente nada porque no pueden darnos ese oxigeno que tanto necesitamos.

Mientras tanto, la vida sigue y es hermosa. Únicamente ha recluido en jaulas al género humano. Creo que quiere enviarnos un mensaje, es este:

«No sois necesarios. El aire, la tierra, el agua y el cielo sin vosotros están bien. Cuando regreséis, no olvidéis que sois mis invitados y no mis dueños».