La evaluación cualitativa: una práctica compleja (segunda parte)

La evaluación cualitativa: una práctica compleja (segunda parte)

La evaluación cualitativa: una práctica compleja  SEGUNDA PARTE

La evaluación bajo el enfoque tradicional conductista, que centra su atención en la enseñanza, fue reducida a una etapa más del proceso de enseñanza-aprendizaje, es terminal y enfatiza en los productos, los que a su vez son el resultado de conductas observables y medibles. A diferencia de la anterior, la evaluación cualitativa tiene otro sentido, gracias a los valiosos aportes de la psicología cognitiva, el interaccionismo y el constructivismo pedagógico en sus diferentes matices, que centran su atención en el aprendizaje, en las actividades, en las formas, en los medios y en las dinámicas en que este se produce.

Tipo de medición

La evaluación cualitativa emplea escalas nominales y de orden jerárquico, como categorías, caracteres y atributos, entre otras. Se considera fundamental utilizar una gran variedad de instrumentos que sirvan para corroborar los resultados.

Aspectos que se destacan y la función que cumplen

La evaluación es tomada como un mecanismo de orientación y formación, constituyéndose en una guía del proceso pedagógico. Sin olvidar la importancia que tienen los resultados, tiene en cuenta los procesos. Se dice que es integral porque cobija los aspectos cognoscitivos, los afectivos, los valorativos, los hábitos y las habilidades, entre otros. La evaluación cualitativa se considera holística,ya que tiene en cuenta todos los elementos que la conforman o que inciden en ella: los objetivos, los procesos, los métodos, los recursos, el contexto y los instrumentos, entre otros. Tiene en cuenta los aspectos conceptuales, procedimentales y actitudinales de los alumnos.

Se emplea como una motivación para mejorar el proceso enseñanza-aprendizaje. Una de las funciones, quizá la más relevante, es la de contribuir a propiciar la autonomía del alumno en un ambiente lleno de experiencias pedagógicas y democráticas. Al respecto, Fernández anota: “Toda tarea de aprendizaje es, para el individuo, una aventura de creación de un orden nuevo, de una manera nueva de percibir el mundo y de orientarse en él”3.

Relación docente-estudiante

Contrario al carácter autoritario y vertical que se manifiesta en la evaluación cuantitativa, donde el docente es el único que puede evaluar, usa los resultados, la mayoría de las veces, para clasificar, amenazar o sancionar, además de legitimar el poder, la autoridad y el conocimiento, en la cualitativa se pretende que las relaciones interpersonales entre alumnos y profesores sean más cordiales y abiertas, aspectos que se deben extender también al proceso evaluativo, el cual se considera que debe ser asumido de manera democrática, horizontal y participativa.

En ese sentido, la evaluación puede ser una labor conjunta entre estudiantes y profesores. Al respecto, es necesario anotar que muchas veces los docentes pueden establecer relaciones armónicas con los estudiantes, pero al momento de evaluar siguen aplicando las estrategias tradicionales.

Tiempo

Bajo el enfoque cualitativo, la evaluación es permanente, se realiza a lo largo del proceso, que se puede y debe reorientar y retroalimentar, mediante ajustes y cambios en el mismo. No se trata de ir emitiendo juicios a cada momento; lo relevante es valorar el progreso de los estudiantes, con el propósito de mejorar, tanto el proceso individual y colectivo de los mismos, como la propia actividad educativa.

Tiene en cuenta las capacidades individuales y se adecua al ritmo de aprendizaje de los estudiantes.

Formas de evaluación y resultados de las pruebas

Se considera fundamental el uso de variados procedimientos metodológicos, acordes con la diversidad de las interrelaciones que se producen en la realidad educativa escolar y con las particularidades de los estudiantes. Se emplean tanto pruebas escritas como orales. Las más utilizadas son:

  • pruebas abiertas,
  • las exposiciones,
  • los cuadros comparativos,
  • los escritos del alumno, donde este pueda expresar su opinión basado en elementos interpretativos y argumentativos.

De manera general, todas las actividades que el alumno realiza pueden ser objeto de evaluación.

Se sugiere que todo producto elaborado por el estudiante debe ser devuelto con comentarios que incluyan aspectos positivos y los aspectos que hay que corregir. Los resultados que se obtienen de las diferentes formas de evaluación son analizados de manera global, con el fin de determinar los logros, las dificultades o las limitaciones de los estudiantes, pero especialmente, las causas que, como factores directos, inciden en su proceso de formación.

Comunicación de resultados

Actualmente se emplean cinco formas, cada una de las cuales tiene características particulares, que de manera sintética se enuncian a continuación.

Nota numérica o cifrada
• Permite calcular promedios.
• Establece clasificaciones.
• Es predominante en la certificación de un grado a otro.
• Cuenta con numerosos escalones (depende de la escala, unos usan de 1-5 ó 1-10).
• El fin se vuelve el medio.
• No indica sino la naturaleza de los errores.
• No describe las actividades de recuperación.
• Desanima a los estudiantes si regularmente es baja.
• Termina repartiendo a los alumnos en dos grupos (los que pasan y los que pierden).

Las letras
• Reparte a los alumnos en cinco grupos, y cada una de las letras tiene un significado: E = excelente, B = bueno, A = aceptable, I = insuficiente y D = deficiente.
• Conseguir la A se convierte en un objetivo para los estudiantes.
• No permite establecer promedios.
• Evidencia pocos problemas en su realización.
• Se pueden confundir con las notas cifradas.

Los símbolos
• Son utilizados para evitar el efecto de la calificación.
• Difieren mucho de un maestro a otro.
• No son útiles sino en el momento del aprendizaje.
• No son generalizables.

El comentario
• Permite situar la ayuda de quien corrige.
• Puede incluir aspectos negativos, positivos y consejos y/o sugerencias.
• Hace explícitos ciertos criterios que asume el docente para evaluar.
• Desempeña un rol psicológico importante para el estudiante.
• En ocasiones no es sistemático y se hace solamente al final de un período escolar.
• Es a menudo bastante conciso y no abarca todos los aspectos importantes del proceso formativo.

Rejillas de evaluación
• Se pueden especificar todos los objetivos propuestos desde el inicio de un programa o unidad temática.
• Permiten la confrontación entre lo planeado y esperado y los resultados obtenidos.
• Facilitan la autoevaluación y la coevaluación.
• Son un elemento objetivo de referencia.
• Pueden ser construidos en común por alumnos y profesores.
• Se recomienda su realización de manera personal.

Como se aprecia, la primera forma es característica del modelo cuantitativo, las demás fueron surgiendo en la medida que se plantearon otras formas de concebir la evaluación.

Concepción y papel del docente

Al ser concebida la evaluación de otra manera, la percepción y papel de los docentes se reconfigura. El docente ya no es aquel que sólo enseña unos contenidos, sino que también aprende de los estudiantes, en un acto participativo y dialógico. Tiene un papel activo, creador, motivador, orientador, y se percibe como un investigador. Todas sus actividades deben estar orientadas a provocar e invitar a los alumnos a la exploración, al análisis, a la crítica y al redescubrimiento del saber.

El docente está más pendiente de los aciertos que de los errores. Debe fomentar un proceso formativo basado en el respeto y la tolerancia como parte fundamental de la democracia escolar. En ese sentido es fundamental abrir espacios de autoevaluación y coevaluación.

La heteroevaluación tiene otros fines: permite al docente analizar los avances de los alumnos durante el proceso de aprendizaje y revisar las estrategias y los métodos empleados con el ánimo de mejorarlos, si es necesario.

Concepción y papel del estudiante

Rescata del anonimato y pasividad a los estudiantes, asignándoles funciones importantes. Considera que los estudiantes deben tener una actitud dinámica, creativa, participativa, interactiva, crítica y reflexiva frente a su propio proceso de construcción del conocimiento. En ese sentido, es importante que los alumnos expresen sus intereses y motivaciones, con el objetivo de incorporarlos a los diferentes procesos que se desarrollan en el campo educativo, entre ellos la evaluación.

Como parte de una actitud abierta, participativa y clara en el proceso evaluativo, es importante que los alumnos conozcan el qué, el para qué y el cómo van a ser evaluados, y qué actividades tienen que desarrollar para alcanzar los objetivos propuestos en cada una de las áreas del conocimiento del plan de estudios.

Desde una óptica democrática de la evaluación, los alumnos deben tener presentes las diferentes formas de participación, como la autoevaluación y la coevaluación. La primera le permite al estudiante analizar de manera crítica su proceso de aprendiza je. Para muchos, este ejercicio favorece la autonomía y la autoestima. La segunda le permite al estudiante vivenciar elementos fundamentales de la convivencia, como la expresión personal de las ideas, basado en el respeto y tolerancia, y el saber escuchar. Sabemos, por nuestra experiencia, que para trabajar en el aula estos aspectos se necesita más que motivación para que los alumnos perciban los beneficios de asumir un papel más comprometido y crítico frente a su proceso evaluativo.

A manera de conclusión

Está claro que no basta con un discurso teórico que respalde un cambio de paradigma, si eso es lo que se desea, como tampoco la reglamentación en su implementación; son nuestras prácticas reflexivas y críticas las que nos ayudan a darle otro sentido al proceso evaluativo, entenderlo como un proceso de negociación y construcción de significados. Ese es el verdadero reto.

Como también se deben tener en cuenta las distintas variables que intervienen en su concepción y aplicación, ya que como lo señala Flórez: “Para cambiar la evaluación es necesario cambiar el modelo pedagógico, el currículo y la manera de enseñar, pues enseñar, aprender y evaluar son tres procesos inseparables, no puede cambiarse uno solo sin cambiar los demás”4.

 

Nota:
1 Ávila Penagos, Rafael (2001). La cultura. Modos de comprensión e investigación, p. 33. Doctor en Sociología de la Universidad de Lovaina. Profesor e investigador de la Universidad Pedagógica Nacional.
2 Hemos preferido usar el concepto de enfoque y no el de paradigma o sistema filosófico, por dos razones: la primera, no es el objetivo de este texto presentar y desarrollar los postulados de los dos paradigmas y/o sistemas filosóficos; la segunda, a través del concepto de enfoque queremos expresar cómo esas corrientes filosóficas han influenciado de
diferentes maneras y en determinados aspectos la forma de concebir la evaluación.
3 Fernández, M. (1994). Evaluación y cambio educativo: El fracaso escolar. Colección: La pedagogía hoy, Ediciones Morata, 3ª. edición, p.77.
4 Flórez, R. (2001). Evaluación, pedagogía y cognición. Docente del siglo XXI. Colombia, Ed. McGraw-Hill, p. 109.

Bibliografía:
• Ávila, P. (2001). La cultura. Modos de comprensión e investigación. Ediciones Antropos.
• Bruner, J. (1987). Realidad mental y mundos posibles, tercera parte. Barcelona, Gedisa.
• Bruner, J. (1995). La educación, puerta de la cultura. Madrid, Visor. • Bustamante, G., y Caicedo, L. (2005). La evaluación: ¿Objetiva o construida? Sociedad Colombiana de Pedagogía, serie de investigaciones.
• Casanova, M. (1999). Manual de educación educativa. Editorial la Muralla.
• Cerda, H. (2000). La evaluación como experiencia total. Cooperativa Editorial Magisterio.
• Delgado, K. (2003). Evaluación y calidad de la educación. Nuevos aportes, procesos y resultados. 2ª . edición. Cooperativa Editorial Magisterio.
• Etienne, R. (2001). “El proyecto de aprender y el éxito escolar”. Traducción del francés por Raquel Pinilla V. En La pedagogía de proyectos: opción de cambio social. Cuadernos de trabajo No 1. Universidad Francisco José de Caldas.
• Fernández, M. (1994). Evaluación y cambio educativo: El fracaso escolar. Colección: La pedagogía hoy. 3ª. edición. Ediciones Morata. • Flórez, R. (2001). Evaluación, pedagogía y cognición. Docente del siglo XXI. Colombia, Ed. McGraw-Hill.
• Giddens, A. (1997). “La producción y reproducción de la vida social”. En Las nuevas reglas del método sociológico. Buenos Aires, Amorrortu Editores.
• Iafrancesco, G. (2004). La evaluación integral y del aprendizaje. Cooperativa Editorial Magisterio.
• Martínez, M. (2007). Evaluación cualitativa de programas. Editorial Trillas.
• Schutz, A. (1962). “Las realidades múltiples y su construcción”. En El problema de la realidad social. Buenos Aires, Amorrortu Editores.

Fuente: Extracto del artículo “La evaluación cualitativa: una práctica compleja” para educrea.cl

 

1 Comment

  1. JOSAFAT GARDUÑO dice:

    ESPERO MAS INFORMACION DE CURZOS

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